Estas construcciones estaban situadas al borde de los riachuelos, para aprovechar la fuerza del caudal de éste, y poder moler el grano, para hacer la harina. Dentro de estas construcciones hay que diferenciar a los molinos de ceña o caldera y los de riachuelo.
El funcionamiento consiste en que el torrente de agua mueve el “rodicio”, pues este posee unas estructuras parecidas a cucharas, las que se encargan de recibir el caudal y hacer mover el palo del “rodicio”, el que a su vez activa la muela, triturando el grano, pasando seguidamente este, triturado, al arca para ser almacenado y posteriormente comercializado.
Los molinos de riachuelo se caracterizan por tener dispuesto un canal para guiar el agua hasta el “rodicio”, donde moviliza la estructura antes nombrada, haciendo que gire el palo del “rodicio” y luego la muela.
También dentro de esta modalidad existe el molino de cubo, que es un poco más completo que el anterior; pues en el final del canal que es horizontal, (diferenciándose del anterior que tenía cierta inclinación para mover el “rodicio”), posee un depósito para almacenar el agua, hasta que desde el interior del molino se active un “afiridoiro”, facilitando que la corriente penetre en el “rodicio”.
La tercera de las modalidades es el molino de “tinalla”, llamado así por que en el final del canal dispone de una marmita hecha por piedras, que conducen el agua de forma precisa hacia el “rodicio”; siendo substituida en algunos momentos por estructuras de hormigón.